Yaxchilán y Palenque. Nuestro amor por Chiapas crece por momentos.

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Nuestra estancia en Las Nubes fue breve pero intensa. Tengo que decir, de hecho, que tuvimos que irnos ya que no teníamos dinero en efectivo y allí, lógicamente, no había ni internet, ni datáfono. El cajero más cercano estaba a 4 horas y el otro a 8. Así que no pudimos disfrutar de un día más allí.

Pero las penas se nos pasaron cuando cogimos el autobús que nos llevaría de Las Nubes hacia Palenque. Costo trayecto: 270 pesos/persona, unos 13 dólares. Las vistas: No tienen precio.

8 horas en un autobús local, en el que además 7 de ellas íbamos solos los dos, disfrutando de unos hermosos paisajes. El camino bordea toda la frontera con Guatemala.

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De Palenque tengo que recomendar un restaurante que a su vez nos recomendaron, se llama “Las Tinajas”, está cerca de la Plaza. Las raciones tienen mucha cantidad, por lo que es mejor pedir poco. Si te sobra te lo ponen en tupper para llevar. Además sus camareros son muy amables. Uno de ellos nos dejó su teléfono personal para contactar con alojamientos.

En Palenque hicimos campamento base en unas cabañas las cuales yo había leído buenas opiniones en TripAdvisor pero se quedan cortas. Esto si que es 100% recomendable. Las Cabañas de Margarita&ED. Por 13 dólares/noche tienes tu propia cabaña, con baño, agua caliente. Mosquiteras en todos lados, por lo que casi ni entran los bichitos. Y todo super limpio. Eso si, creo que no reservan, simplemente vas allí y si tienen cabañas libres te la quedas por el tiempo que quieras. El único aspecto algo menos positivo es que tienen un bar y están con música puesta a media tarde, pero a las once apagan todo. Y ya solo escucharás las decenas de especies de aves que hay por allí, los monos, y un mamífero que es como una rata/ardilla gigante, de la cual no recordamos su nombre. Muy graciosa.

La cabaña que nos tocó se llamaba “Colibrí”.

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En el post anterior dije que marqué dos sitios de visita obligada. Uno era Las Nubes y otro era Yaxchilán. Por lo que, descansamos, y allá fuimos al día siguiente. En Margarita&Ed es uno de los alojamientos donde mejor dormimos en todo el viaje, por no decir el mejor.

Miércoles día 21. A las 7 de la mañana ya estábamos montados en el autobús que, tras 4 horas, y por 4 dólares, te deja en Frontera Corozal, lugar donde tienes que coger un taxi, que cogimos con un padre e hijo que eran guatemantecos y volvían a su país.

El taxi te deja cerca de la orilla del río Usumacinta,  cuyo nombre es traducido como “lugar de monitos”. Es un río que se forma en las partes altas de la sierra de los Cuchumatanes, específicamente en el Departamento de Totonicapan, Guatemala, desembocando en el golfo de México. Por lo tanto, ese día estábamos allí personas que iban a visitar una zona arqueológica, personas que iban a cruzar la frontera, ya que el río separa México de Guatemala y en 10 minutos podías cambiar de país, y personas que emigraban. Con la incertidumbre grabada en sus ojos, el miedo de dejarlo todo por intentar conseguir una vida digna, una vida mejor.

Para los que vayan a visitar Yaxchilán, tendrán que coger una barca, que tarda una hora en ir, otra en volver, ya que tienen que esperarte allí. Te esperan por dos horas.

En un principio nos dijeron que nos cobrarían 1000 pesos por una barca, y que si no comprábamos un tour nos iba a costar eso. Pero huimos de los tours y preferimos ir por nuestra cuenta. Así que allí estábamos, negociando con un chico que nos llevaba en su barca por 160 pesos/persona si encontrábamos a tres personas más. Lo cual fue una gran oportunidad para nosotros, ya que gracias a esto conocimos a la encantadora Olivia y su familia, su marido Óscar y su hijo Miguel Ángel. Nos montamos en esa barca los 5 y llegamos a un lugar increíble.

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Es una antigua ciudad de la Cultura Maya, con unas ruinas arqueológicas que me recordaron muchísimo al “templo abandonado” de Camboya.

La entrada cuesta 65 pesos, unos 3 dólares. Pero os aseguro que merece, mucho mucho, la alegría.

Es un lugar tan mágico que se notan sus vibraciones energéticas incluso antes de llegar, cuando vas por el río. Una vez que pisas tierra, un chorro de sensaciones emana de ti. Simplemente respira, camina, disfruta escuchando los monos ahuyadores, o viendo a los monos araña. Es un lugar para dejarse llevar, para meditar, para disfrutar. Sin más.

Creo que es el post que cuenta con más imágenes. Es la mejor manera de poder acercaros un poquito más rincones increíbles como éste. ¡Espero que os guste!

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En el camino tienes que tener cuidado, ya que había llovido, y para acceder a dos de los edificios tienes que hacer una pequeña subida, es sencilla pero las raíces mojadas resbalan bastante.

Bueno, ¿Qué me decís? Mágico, ¿verdad? Si. Es un lugar especial. Uno de esos sitios donde perderse, e incluso, donde poder encontrarse uno mismo.

Mientras íbamos caminando presenciamos dos monos que estaban enfadados e intentaban luchar. Sus rugidos te ponen los pelos de punta. En realidad son monos de tamaño mediano-pequeño, pero el sonido que emitían hacía parecer que eran gorilas gigantes.

Y de nuevo en la barca. Un viaje de vuelta en el que se sentía una gran Paz y energía. Yaxchilán nos había recargado al 100%.

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Teníamos que coger el autobús de vuelta a Palenque, pero la familia de Olivia se ofreció acercarnos a Bonampak, gesto que nos hizo ahorrar bastante tiempo. Ya que ellos tenían su propio coche, en cambio los autobuses hacen muchiiiiisimas paradas y se tarda el doble en llegar a algún destino.

No solo nos acercaron con su coche, nos dieron mandarinas, frutos secos y semillas, sino que también nos invitaron a comer con ellos en La Selva Lacandona,  ya que se alojaban en las cabañas de allí.

La Selva Lacandona también es llamada “Desierto de la soledad”. Está poblada por el pueblo maya Lacandón, son un grupo indígena cuyo dialecto se relaciona con el maya yucateco,  hablantes en su mayoría de las lenguas chol, chortí y tzeltal. Han intentado  congregarlos en pueblos establecidos por las autoridades coloniales, por ello se fueron a la selva chiapaneca, huyendo de eso. Visten con túnicas/vestidos completamente blancos. Su sistema religioso se basa en los ciclos de la naturaleza.

Puedo decir que la mejor comida que hemos comido en todo el viaje. Tortillas de maiz hechas a mano por las mujeres del poblado, frijoles, salsa verde(chile con cebolla y tomate verde), limonada… Bueno, bueno, bueno…solo de recordarlo me entra un hambre… ¡Delicioso!

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Comida sana, nutritiva y deliciosa. La cual se encargó nuestra “mamá” por ese día de prepararnos para llevar. No sabéis lo bien que nos vino al día siguiente.

Fue una comida de 10. Un día de 10.

Y ya, cuando piensas que no puede ir a mejor, y que tienes más de lo que pudieras haber esperado, nos acerca la familia al cruce donde teníamos que coger el bus de vuelta, y, la mami, Olivia, me regala el collar y la pulsera que ella llevaba puesto. Un collar y una pulsera que unas horas atrás le dije que me gustaba. Ella me lo regaló, para que nos acompañase en nuestro camino. Son piezas que hace ella misma, con un metal que no se pone feo. Es el árbol de la vida. Le dotan con muchísimas lecturas distintas. Pero, en resumen, ilustra la idea de la vida en la Tierra, está cargado de simbología. Tras el maravilloso día que llevábamos, de ilusión, de ganas de vivir, de agradecimiento, no podía ser más perfecto, justo, el árbol de la vida. Confieso públicamente que en el momento en el que Olivia se quitaba su collar y su pulsera para dármelo a mi, estaba muy emocionada, y, tengo que decir, que hice lo posible porque no se me cayera una lágrima, quizá por vergüenza, quizá por conceptos antiguos, prejuicios metidos en mi cabeza. Pero en cuanto bajé del coche y nos quedamos a solas Ángel y yo, todas las lágrimas que me había aguantado, en ese momento brotaron. Lágrimas de FELICIDAD, de AGRADECIMIENTO por tener la suerte de vivir momentos así, de sorpresa y admiración ante alguien que te conoce de muy poquito, de solo ese día, pero te ofrece todo lo que tiene.

Momentos así quedan para siempre en nosotros. GRACIAS, Olivia y familia, tenemos pendiente el Iztacihuatl.

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Ese día salimos rumbo a Yaxchilán, y, cuando llevábamos creo unas dos horas de recorrido, Ángel contó el dinero que llevábamos y pensamos que quizá nos quedaríamos sin visitar las ruinas, ya que lo más caro del día era la lancha. Pero, una vez más, aprendimos que dejar fluir siempre es la mejor opción, y que, excepto la muerte(o eso creemos), todo lo demás tiene solución.

Pensábamos que salíamos con dinero insuficiente y poca comida. Pan de piña casero que vendían en las cabañas de en frente, “Jungle Palace”, y una botella de agua. Y el día se tornó lleno de riquezas en todos los sentidos.

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GRACIAS A LA VIDA.

Hasta pronto, amigos.

Namasté.

2 comentarios en “Yaxchilán y Palenque. Nuestro amor por Chiapas crece por momentos.

  1. Que hermoso es leer como un extranjero se expresa maravillosamente de mi país.
    Gracias por compartir tus vivencias en Chiapas, en tan solo leerte ya me entra la emoción en realizar ese viaje con mi pareja.
    Cuando necesiten algo yo me encuentro en la Ciudad de México, con mucho gusto puedo darles algún tour por acá.
    ¡Saludos!

    Le gusta a 1 persona

    1. Así es. Nuestra vivencia por allí no pudo ser mejor. La gente nos recibió de manera cálida, su comida, sus paisajes… Qué te voy a contar. México es una maravilla.
      ¡Te lo agradecemos! Además, tenemos muchas ganas de volver.
      Un gran saludo.

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