Padre Island National Seashore

¡Al fín hemos conseguido salir de Houston! Decimos esto ya que parecía que teníamos una maldición y esta ciudad no nos dejaba salir de sus garras. El primer finde que planeamos algo… coche roto. ¿Siguiente finde? Otro plan. Coche nuevo ya, pero nos dice el mecánico que no lo movamos hasta el lunes que tiene que cambiar el aceite urgente… De nuevo finde en Houston. De repente, vemos un planazo para el finde de dentro de 15 días, uno de nuestros cantantes favoritos, Trevor Hall, toca en Solana Beach, California. Pillamos vuelo+entradas. Todo rodado. El día antes del vuelo: CANCELADO. Oh, no… Lo teníamos cogido con Spirit Airlines, cosa que ya nos han recomendado que no hagamos, por lo que se ve son profesionales en esto de retrasar/cancelar vuelos y no darte alternativa, como nos pasó a nosotros. Así que, ¿Plan para el finde?, … ¡Houston!

Pero las cosas a veces pasan por algo. Así que al final hemos decidido dejar vuelos y tomar carretera. Nos hemos ido a Corpus Christi, una ciudad de Texas que está a unas tres horas y media conduciendo.

El viaje en carretera nos gustó bastante. Empezamos a ver esa parte que esperábamos de Texas, carreteras sin fín, sin masificar, con casitas de película y sus ranchos, y, como no, con buena música country en la radio. Ahora si, ¡Esto es Texas, baby!

Tras tres horas y media llegamos a Padre Island National Seashore, donde ya la cobertura del teléfono y las preocupaciones se quedan atrás.

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South Padre Island es una reserva natural. Su coste son 10 dólares y te dan un pase que dura una semana. Está muy bien de precio. Además parece ser seguro ya que tienen un poquito de vigilancia a la entrada y salida del parque:

img_20161008_125446273Una vez dentro, es enorme, hay varios campings, y zonas sin ellos también. Algo importante que aún no os he dicho… Aquí hay playa.

Nosotros nos dirigimos a Malaquite Beach, lugar recomendado por los murcianos Isa y Juanfrán 🙂 Y, tengo que decir, que totalmente acertado. Llegamos a Malaquite, aparcamos el coche ,y, allí nos esperaba…

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La playa. Pero no una playa como la de Galveston, con su acumulación de gente, bares y contaminación, no. Un lugar sin coches, sin restaurantes, sin tiendas, y, con las olas del mar y el viento como su único sonido. Que, eso, después de casi tres meses sin salir de Houston, puedo aseguraros que es el paraíso.

Estados Unidos tiene cosas buenas, como poder acampar a pie de playa. Aunque, tengo que hacer un inciso, al llegar al camping había varios carteles alertando de que en la playa había “Red Tide”. Es un alga que por lo visto aparece en grandes cantidades y producen muchas toxinas, cosa que hace que los peces se asfixien y las personas puedan tener picor de garganta, ojos… mucosas en si. Nosotros estuvimos divinamente.

En este camping, a 8 dólares la noche, tienes la opción de acampar arriba, donde tienes baño y el resto de autocaravanas y furgonetas, o acampar a pie de playa. No nos fue difícil decidir. Esto es algo que en España no tenemos. Así que cogimos todo el display y a la playita.

Y ahí montamos nuestro hogar temporal.

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Durante el día hace calor, unos 27 grados. Por la noche baja bastante la temperatura. Pero las estrellas afloran. El cielo era increíble. Lástima no tener un buen objetivo que lo captase para podéroslo mostrar. También creció la marea, el oleaje sonaba como si fuera una tormenta, hacía mucho viento. El hombre que cuidaba el camping nos dijo que, con el tema del huracán las mareas pueden variar, pero no podíamos perder la oportunidad de acampar a unos pasos de la orilla, es algo maravilloso. Si pensáis que exagero, mirar nuestras vistas al amanecer desde la tienda de campaña…

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Y la imagen de la felicidad:

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Simplemente MARAVILLOSO.

Nos levantamos y nos fuimos a por “víveres” a la ciudad. A hacer comprita. Sobre todo agua, para cocinar y beber. Allí, en Corpus Christi, vimos una tienda bastante divertida de surf, snorkel y estas cositas.

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Muy chulo, si. Pero volvimos rapidito para “casa”. Hogar, dulce hogar.

Si pincháis en la primera foto de la playa se aprecia la arena llenita de coquinas. Tengo que decir que me llamó la atención ya que esto en España no suele verse, desde bien temprano hay gente recogiéndolas y no queda ni una. Pero aquí parece ser que esa afición no existe. Eso si, la pesca no se lo quites, parece ser que es su actividad estrella, había bastante gente pescando.

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Nosotros seguiremos caminando el uno al lado del otro. Dejando nuestras huellas, juntas, al pasar.

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Antes de seguir contando este gran fín de semana, tengo que deciros que para mi eran unos días especiales ya de por sí. Hacía justo un año que una de las personas más importantes de mi vida se fue. El cáncer se le llevó. Demasiado rápido quizá. Tanto que no me dio tiempo a asimilarlo, menos aún cuando me di cuenta de que ya había pasado un año. Pero allí estábamos, con la tienda de campaña a la orilla del mar. Respirando aire fresco. Y teniéndole en mi mente constantemente.

Volvimos de comprar provisiones. Comimos algo. Dimos un gran paseo. ¡Qué ganas de andar un poquito y respirar aire limpio! Volvimos a la tiendita, picamos un poco y nos fuimos de nuevo a pasear. Ya de vuelta, nos sentamos a leer tranquilamente. Yo tengo que decir que me llevé los apuntes de un curso de inglés que estoy haciendo. Un taco gordo de folios, que, luego veréis lo bien que nos vinieron. Ángel leía tranquilamente un libro por el simple placer de leer.

A todo esto, desde el día anterior, llevábamos viendo a un hombre con su hija que tenían de todo: tienda, kayak, malabares de colores y luces, hoguera… Ya que aquí permiten las hogueras. En lo que iba de día ya habíamos repetido en varias ocasiones que para que fuera perfecto faltaría una hoguera. Pues la hoguera llegó.

Estábamos sentados tranquilamente, en el momento anterior, el de la lectura. Cuando vemos al hombre acercarse. Nos saludó, nos dijo que le había caído un rayo en un árbol de su casa y que tenía exceso de madera, que si quizá a nosotros nos apetecía hacer una hoguera que nos la daba. A todo esto el hombre hablando en inglés, que yo voy controlando pero no del todo. Entonces hubo un momento que miré a Ángel y pensé: quizá entiendo lo que quiero en inglés, porque lo que estoy entendiendo… ¡no me lo creo! Pero si, justo eso estaba diciendo. No solo nos dio madera, sino la pala para hacer un hoyo, una botella de líquido inflamable, y su agradable compañía a ratitos. ¡Un millón de gracias, Peter!

Y allí se puso mi chico, manos a la obra.

img_20161008_191726932Hubo un momento en el que nos quedamos sin líquido para avivar el fuego. Hacía muchísimo viento y la llama cada vez era más pequeña… ¡Lo íbamos a perder! En ese momento Ángel me gritó: Trae papel, algo que arda. ¿Sabéis lo que ardió, verdad? Si. Los apuntes de inglés. A la hoguera directos. Lo que fuera por salvar el fuego. Fue un acto inconsciente, de supervivencia jajaja, luego no podíamos para de reirnos recordándolo. Y gracias a ello tuvimos hoguera por cinco horas.

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La luna, la playa, la hoguera. No hace falta más.

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En la arena de la playa durante el día puedes ver constantemente cangrejitos, son pequeños y se meten corriendo a los agujeros que tienen hechos. Hay muchísimos. Pero por la noche empezamos a ver a todo el mundo con las linternas y nos pudo la curiosidad. ¡Los cangrejos grandes salen ahora! Y esos no se metían corriendo en la arena.

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También había ranitas,

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Así que después de un rato disfrutando de los animalitos de la playa, volvimos a casita, con nuestro fuego. Donde quemamos conceptos e ideas, donde quemamos pensamientos antiguos, donde quemamos lo innecesario, para poder dar paso a un mayor crecimiento personal.

Y, bien calentitos con nuestro fuego, disfrutamos de la luna, las estrellas y las estrellas fugaces, y nos fuimos a dormir.

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Al día siguiente otro maravilloso amanecer, y el lujo de desayunar en la playa.

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Y ya, vuelta a casa. Con sorpresa. En el buzón estaba esperando a ser recogida mi tarjeta de permiso de trabajo. Al fín. Claro ejemplo de que cuando uno está abierto es cuando llegan las cosas. Estando cerrados no conseguimos nada.

Tengo que decir que ha sido un gran finde. No diré que necesario, pero si que nos venía muy bien ya. Salir de la ciudad, respirar otro aire, ver algo de naturaleza.

Desde mi experiencia personal, diré, que me ha servido para darme cuenta de que Texas tiene mucho más que ofrecernos de lo que estamos viviendo en Houston, siento que esta ciudad no es el mejor ejemplo para representar este estado. La gente en South Padre Island era encantadora, daban los buenos días, tres veces si hacía falta, las buenas noches, te sonreían, te buscaban para darte conversación… Es muy agradable. A tan solo tres horas de aquí y tan distinto. Qué decir de Peter, el hombre que nos regaló la leña. Si algún día nos lees, que sepas que no solo nos regalaste leña, como tu bien dijiste: “Me alegro mucho de haber contribuido a la felicidad, al amor”. Fue mucho más que eso, llegaste en un día muy especial, en un momento muy especial. El “aniversario”, por llamarlo de algún modo, de una gran pérdida, de un gran dolor en mi corazón. Fue como si te hubiera enviado el, como si hubiera enviado a un ángel para crear un momento mágico, un momento que nos llenó de vida, aún teniendo presente la muerte, un momento especial donde los haya, en el que me emocioné mientras lo vivía. Gracias de nuevo, Peter. Ya iremos por San Antonio.

Y, qué decir de ti. Parece ser que ya  me voy creyendo que no estás, pero te querré con todo mi ser aunque pasen 100 años.

A ti también te escribí una carta que se quedó en ese fuego. Te decía lo de cada día: Te quiero, abuelo. A lo que tu me contestabas siempre:

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Y yo, bonita.

4 comentarios en “Padre Island National Seashore

  1. No había visto vuestras fotos de la salida a la playa…son geniales, y las aventuras, más todavía. Nos alegramos mucho de que respiraseis un poquito de aire puro y paz..es necesario recomponerse cada cierto tiempo. Seguid así…un abrazo fuerte desde Ocaña.

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